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Inhibidores de Tripsina: La Alimentación de los Cerdos Puede Impactar Negativamente a su Rendimiento

Por Jeremiah Nemechek, Ph.D., Gerente de Servicios Técnicos

harina de soja

Ante la creciente presión económica en la producción porcina, el sector está reevaluando supuestos arraigados, particularmente aquellos relacionados con la harina de soja, un pilar fundamental de la alimentación porcina. Un riesgo frecuentemente pasado por alto es la presencia de inhibidores de tripsina (TI, por sus siglas en inglés), compuestos antinutricionales presentes de forma natural en los ingredientes derivados de la soja.

Los inhibidores de tripsina son proteínas que interfieren con la acción de la tripsina y otras enzimas proteolíticas en el intestino delgado, dificultando la digestión de las proteínas y afectando negativamente la digestibilidad de los aminoácidos¹. Presentes principalmente en la soja y otras leguminosas, se sabe que los inhibidores de tripsina disminuyen la digestibilidad de los aminoácidos, causan estrés pancreático y reducen la eficiencia alimenticia. Aunque su presencia no es nueva para los nutricionistas porcinos, investigaciones recientes sugieren que la industria podría estar subestimando su prevalencia e impacto.

Un hallazgo clave de los análisis del laboratorio de NOVUS junto con investigaciones de las universidades de Kansas e Iowa reveló una variabilidad significativa en los niveles de TI entre diferentes fuentes comerciales de harina de soja. Algunas muestras de harina de soja alcanzaron hasta 11.1 mg/g, comparado con niveles mínimos de 1.2 mg/g². Para los nutricionistas y las fábricas de piensos, esto significa

que las concentraciones de TI en la harina de soja pueden variar casi 10 veces, lo que sompromete la consistencia de las formulaciones de las dietas incluso cuando se utiliza un ingrediente “estándar”.

¿Por qué es esto importante? Ensayos controlados en lechones en destete³ demostraron una clara relación negativa entre el aumento de los niveles de TI y la ganancia diaria promedio (ADG, por sus siglas en inglés), el consumo diario promedio de pienso (ADFI, por sus siglas en inglés) y la eficiencia alimenticia. Los lechones alimentados con dietas con niveles de TI superiores a 1.22 TIU/mg mostraron un menor rendimiento de crecimiento, incluso con impactos mínimos en la salud intestinal y general del animal. Estos hallazgos fueron confirmados en otro estudio de la Universidad de Kansas⁴, que reveló que los lechones en destete alimentados con harina de soja en dietas completas con niveles de TI entre 1.4 y 2.1 TIU/mg experimentaron una reducción del 7% en la ganancia de peso, una disminución del 5.4% en el consumo de pienso y un aumento de 3 puntos en el índice de conversión alimenticia.

Aunque se cree que ciertos niveles de TI pueden ser aceptables sin intervención, estos estudios muestran que incluso pequeñas cantidades pueden tener un gran impacto. En última instancia, el coste de ignorarlos se paga con el rendimiento de los cerdos, mientras que el valor de abordarlos se refleja en una mejor utilización de los nutrientes y resultados positivos visibles en la piara.

Una forma de afrontar este desafío es mediante enzimas que “liberan” nutrientes de ingredientes como la soja. En 2025, NOVUS realizó un estudio⁵ con 96 lechones alimentados con dietas con bajo o alto contenido de TI, con o sin proteasa (como CIBENZA® Aditivo enzimático para piensos). Los lechones alimentados con la dieta alta en TI sin proteasa mostraron una disminución del 15% en la ADG en comparación con aquellos alimentados con una dieta alta en TI suplementada con la proteasa. El índice de conversión alimenticia de los lechones alimentados con un alto contenido de TI sin la enzima añadida fue 14 puntos superior al de los cerdos alimentados con una dieta con un contenido alto de TI y con la enzima.

Para la industria porcina, el mensaje es claro: lo que no detectamos en las especificaciones de la harina de soja podría estar perjudicando a nuestros cerdos. A medida que la investigación centra su atención en factores antinutricionales como los inhibidores de tripsina, las pruebas proactivas y los ajustes en las formulaciones que incluyan soluciones de nutrición inteligente, serán pasos clave hacia una nutrición porcina de precisión.

Referencias

1. NOVUS hallazgos internos, 2017

2. Muestras de laboratorio de NOVUS, 2024

3. Miller et al., 2025, Iowa State University

4. Collier et al., 2025, Kansas State University

5. Reolon et al., 2025. Presentado en la 35ª Reunión Anual del CBNA